Poeta, traductora y directora de la revista cultural La Náusea.
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dilluns, 19 de desembre del 2022

La poeta, traductora, correctora y amiga Marlene Denis Valle, escribe una reseña sobre mi último trabajo poético-pictórico.



Con un océano en los párpados es el último libro, con descarga gratuita, que nos regala la Navidad este año, gracias a La Náusea Ediciones.

La poesía de Marian Raméntol, -siempre azul, siempre mar- vuelve en este exquisito poemario bilingüe en compañía del pincel de Andrés Rueda. Ambos artistas se conocieron en las redes sociales en el año 2005 y, desde entonces, no han dejado de enlazar letras y color, resultando, diecisiete años más tarde, esta magistral conjugación en forma de libro.

 


 
Marian ha publicado: "Salvoconductos hacia las primaveras", "En el soliloquio de mi cuerpo" y "El insomnio de los verbos cansados", entre otros volúmenes de riquísima textura poética.

 

Con un océano en los párpados se adentra en los hemisferios de la imaginación. Cala y estremece la fibra del lector que sigue atento el sonido de cada palabra brotada del lienzo impregnado de maravillas:

“Tus instantáneas son cinturas
con azul caliente en los molares”

 
Deliciosa apertura que nos mantendrá atados a lo que está por venir:

“De tanto sangrar estaciones / hay primaveras que se equivocan de casa”, señala Marian en el poema ME INICIO EN OTROS LIENZOS. Particularmente, estos versos me llevan al cambio climático. Sin dudas, excelente forma de decir.

La voz de la poeta no tiene urgencias; pero es precisa, irreprochable y necesaria. Describe con un toque de magia cada detalle que el pintor ofrece al ojo expectante.

Casi al final del libro nos deleita, con cierto toque de melancolía:

“huele la orilla del mundo y hasta moldea
puentes de azafrán, pompas de caramelo
y nubes sin grilletes para no morir de tristeza.”

Los aromas de la poesía de Marian Raméntol mantienen el cuerpo de su raíz, de la pérdida, del resurgir cuando, inspirada en un acrílico sobre lienzo de Andrés Rueda cierra con broche de oro:

“en el lenguaje corporal de nuestra geografía,
allí donde se nos caen ya todas las dolencias…”

 

Los dos últimos versos los dejo al lector, quien también debe cumplir su cometido saboreando esta joya de la poesía contemporánea y de perfectas pinceladas.





Invito a todos a disfrutar de este manjar de belleza como lo hago yo cada vez que me enfrento a la arquitectura del verbo de esta extraordinaria mujer.

Gracias a La Náusea Ediciones, por hacernos partícipes de tan buena poesía.


Marlene Denis

Diciembre 2022

dilluns, 28 de març del 2022

Con un léxico muy rico y también muy propio, la poeta recorre un tiempo, el suyo, en el cual el dolor y el cuerpo están muy presentes. Ambienta ese camino con imágenes contrapuestas; por un lado todo puede quedar iluminado por la luz o bien apagarse en espacios como el infierno, un sótano o la noche. Es una de las características de la poesía de Raméntol, la capacidad de elaborar ambientes góticos, tristes y muy sensitivos. 

 


Intimidad, expresividad, ritmo e imágenes puras y bien elaboradas son algunas de las potencialidades de la poeta. Nuevamente Marian Raméntol ha logrado sorprendernos. Vuelve a demostrar que su trayectoria está lejos de terminar, más bien lo contrario, sigue creando material interesante, cuidado y que se aleja de los lugares comunes tan extendidos en la poesía contemporánea de las redes.

 

Reseña completa AQUI

dimarts, 8 de març del 2022

 

Reseña de "Salvoconductos hacia las primaveras" a cargo de Cesc Fortuny i Fabré




La poesía de Marian, desde prácticamente sus inicios, está repleta de figuras, imágenes, y sobretodo de metáforas que construyen a primera vista un imaginario bello, bello por lo precioso, así en el particular mundo de la autora; se deshoja la luz, las nubes tienen dirección, o se busca la temperatura de lo besos, por poner algunos ejemplos.

Pero hará mal el lector en detenerse en esta atmósfera de sublime belleza, y no captar el terrible dolor y el desasosiego que respira su trabajo.

La brutal humildad con que se presenta su voz poética tan solo es igualada por el sufrimiento y el desgaste que expresa. Hay pues, un desencanto, una derrota y un dolor, demoledores y terribles, que son asumidos con resignación, y expresados con una batería de imágenes de esa belleza absolutamente impresionante que ya he mencionado.

También hay espacio para lo social, aunque visto desde una perspectiva íntima y dolorosa, el dolor de la pérdida de los seres queridos, por enfermedad, por accidente, o por asesinato político. Un amplio panorama que engloba por desgracia a tantas personas. Es muy difícil no empatizar con sus textos, con sus tragedias, y con la, como ya he dicho antes, enormísima humildad de su voz poética.

Leer reseña completa en

https://cescfortunyfabre.wordpress.com

divendres, 11 de juny del 2021

 

Yo no sé cuando conocí a Marian Raméntol. Dicen los que creen saber que el primer amor nunca se olvida. Pero es que el nuestro empieza con cada libro que sale de su vientre laminado o sus párpados abiertos para iluminarnos.

Y entre libro y libro, ella en el Mediterráneo y yo entre las encinas de las gatas en celo nos recordamos. A veces Marian Raméntol pone la poesía y yo el prólogo. Otras simplemente achicamos distancias para amar juntos los mismos versos. Si yo le envío un artículo, ella me devuelve un cachito de agua de mar para limpiar las ojeras. Y me siento un dios mirando su ausencia. Pasa el tiempo y no para de enseñarme a vivir. Lo último que he aprendido es que el oxígeno es azul, como el dios de JRJ. Lamento lastimaros, hermanos y hermanas, pero en el ecosistema de Marian Raméntol sólo entro yo. O yo mejor que nadie.

Sucede, es así desde la eternidad donde nunca existió un funeral para los escombros porque mis caballos del agua siempre dijeron sí. Ella dice que viven las ausencias y modifican los paisajes. Tal vez por eso hay momentos en que las alondras no concuerdan. No importa, ella siempre será dentellada de mar y nunca lejana cintura del olvido.

Marian Raméntol tiene miedo a morir con el cabello imperdonable, arrinconada en la gramática fluvial, a las dudas del frío. Yo a que la noche cabalgue sin sentido, a olvidar declinar mi nombre, al conjuro de los arrecifes. Somos bobos. Ella tiene un castillo con lobeznos que sodomizan el dolor. Yo buscaré algo en la fragua antigua de los besos, en la alcoba donde los cuerpos limitan con las caderas, en los años bisiestos de la carne sometidos al manjar de los manjares.

¿De qué hablo? ¿Qué estoy diciendo? Se me va tantas veces el santo al cielo últimamente. Ah, sí. Acostumbrado a sus milagros se me olvidó decir que Marian Raméntol ha escrito un nuevo libro, "En el soliloquio de mi cuerpo".

No es un libro periférico sino la estructura inversa de sí misma. Libre como una trenza con promesa incorporada. Y sin temor al clamor de las navajas. Cada poema tiene un lenguaje, y al final es la misma lengua poética que los deja a su aire sin pólvora pero con una ubérrima cosecha de imágenes que nos crea jóvenes salvajes. Vas andando la mañana por sus páginas y descubres cosas que ella nomina como la máquina de escribir secretos. Pero la gran poeta que es Marian Raméntol se delata cuando aparta todos los velos y resulta la magia tumbada sobre un suspiro.

Leer "En el soliloquio de mi cuerpo" es gallear sin descanso. Creías que a estas alturas habías visto todo y resulta que Marian Raméntol siempre tiene una nueva carta en la manga como ese " el sol sale de casa sin mirar".

Hay instantes en el libro donde Marian Raméntol se protege, se repliega sobre sí misma, como ese " nadie más sabe donde vivo". Y aquí habla con una voz poética inaudita, donde la primera estrofa ya es un balazo feliz. A la orilla de este poema, de todo el oceánico caudal del libro, estalla la intriga. ¿Alguien sabe quién somos? ¿Lo sabemos nosotros? ¿Qué sé yo del metro y pico que me habita?

Creo que " En el soliloquio de mi cuerpo" Marian Raméntol va más allá de la poesía desde la propia poesía. Destruye así todas las banalidades mensajeras y pone a caminar a los ciegos. Pero después de este viaje al exterior, si volvemos al libro nos encontramos con poesía mineral -nada anatómica- donde ella construye un territorio fálico sobre la anchura de un beso. Lección para las simplezas, porque pocas veces la poesía fue tan contundente y dúctil.

Siempre hay un momento estremecido en la vida. En este último libro de Marian Raméntol nos damos de bruces con él en esa memoria de los peces que nombra, donde se sumerge la madre. Yo viví junto a Marian Raméntol aquella historia plagada de asombro. Y entiendo que no es lo mismo leer el poema habiéndolo sorbido que resucitado ahora en los pliegues de un libro. Pero no podría decir nada bueno de nadie si no existiese emoción al enfrentarse al poema.

Y después de este ajuste de cuentas con los peces de mar, la poeta se alza amazonita y amanece sublime. Y vuelve a lo suyo, a dejarnos atónitos al límite de todos los caminos que conducen al fuego y al amor. Como ocurre con el tiempo entre la vigilia y el sueño.

Me parece que he hablado demasiado, es una tara que siempre me adjudican. Pero qué queréis, amigos, estoy entre vosotros todavía y estamos ante un gran libro.






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