Si queremos hablar de amor, por ejemplo, deberemos buscar el modo de hacerlo que nos resulte original y nuevo, huiremos de la palabra “corazón, alma, te quiero, y otras formas expresivas que nada nuevo aportarán a nuestras composiciones (cuidado, no estoy diciendo que debamos desterrar estas palabras y no podamos usarlas nunca), y buscar otras formas de nombrarlas, describirlas, proyectarlas, sugerirlas.
Sí, sí, pero ¿cómo se hace eso?
Así por ejemplo, podríamos intentar definir (poéticamente, claro está) un corazón como “conjunto de cartuchos de mecha corta” o “el anden donde se bifurca la nitroglicerina del cuerpo” e incluso mezclar ambas definiciones para obtener una tercera “La mecha corta de todos los andenes” ó “la nitro que espera en el anden de donde parten todas las bifurcaciones”.

Múltiples son las posibilidades, tantas como nuestra imaginación alcance, pero una cosa está clara, nadie habrá nombrado jamás a un corazón de este modo, y eso es lo que busca la poesía, sorprender a la propia emoción, invitar al lector a dejar que sus fibras se zarandeen sin intentar identificar cual de ellas lo hace o por qué, provocar que una pupila se dilate, que haya un cortocircuito en los poros de la piel, que el ritmo cardíaco “sienta” de manera primaria, NO CONSCIENTE.
Descubrir la propia voz es tan esencial en poesía como la masa al pan. Hay que descubrir cómo el poder de la palabra se sublima cuando lo retorcemos, lo rompemos y lo reconstruimos.
Otra buena manera de huir de los lugares comunes es evitar las
obviedades, particularmente con el mal uso de la adjetivación. Mucho
se ha escrito sobre la no adjetivación, casi se ha demonizado el uso
del pobre adjetivo. Yo en cambio bogo por su utilización regular
pero usando el adjetivo de forma ingeniosa. De hecho el
adjetivo ingenioso es el aliado indispensable de la metáfora
y ésta lo es de lo poético, entre otras figuras
retóricas.
Es decir, no aportaremos nada a nuestro poema escribiendo
“en el cielo azul de la mañana”
“en la oscura noche” etc.
Pero sí podemos decir por ejemplo
“en un azul aún soñoliento”
“en las entrañas ciegas de la noche”
¿podemos sugerir un amanecer o un anochecer de forma
distinta? Claro que sí. Podemos simplemente decir que
sale el sol y no ir más allá (esto es una descripción de un hecho,
sin más), o bien podemos mencionar unas farolas moribundas que ya
sugieren las horas en las que se está haciendo de día.
También podemos seguir con la técnica de las definiciones y si queremos situar al lector bajo un cielo azul, siempre podemos decir que “alguien ha pasado la bayeta por la espalda de las nubes” ó “un viento multiusos ha disuelto el mal humor de la ventana”. Si queremos hablar de un amanecer, siempre podemos decir que “el cielo ha amanecido en carne viva” etc.
Recordemos que un tropo es la sustitución de una expresión por otra cuyo sentido es figurado. Encontramos entre ellos la metáfora, la alegoría, la hipérbole, la metonimia, la sinécdoque, la antonomasia, el énfasis, la ironía, etc.
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